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Viveros de plantas ¿esenciales o rémoras?


Luis Enrique Ortiz

Durante más de 70 días los viveros de plantas permanecieron cerrados por ser considerados no esenciales. Se les dio permiso a sus dueños de regar las plantas, pero no de atender a público.


Incluso ya con la nueva normalidad en marcha y con la incorporación de nuevas actividades económicas prioritarias, autoridades estatales –a consulta expresa de los dueños de esos viveros- mantuvieron su restricción para la apertura de los mismos.


Sin embargo, por formar parte de la cadena de proveedores de la industria de la construcción, la actividad de los viveros fue reclasificada como esencial, se encontró que los viveros deberían reabrir actividades, lo cual está muy bien.


Pero ojo, no fue por la prestación de servicios ambientales o por proveer de plantas a personas encerradas en sus casas, buscando formas sanas de entretenimiento y des estrés, que los viveros reabrieron. Sino que fue por su relación como proveedores de la industria de la construcción.


La pandemia de la Covid-19, nos agarró desprevenidos y no nos dio tiempo de reflexionar lo suficiente, sobre la necesidad de contar con estos establecimientos abiertos siempre por ser esenciales.


¿Y por qué deberían ser esenciales, en lugar de ser considerados una simple rémora de la construcción?


Durante el confinamiento obligado por la pandemia, una de las actividades que florecieron fue la producción de pequeños huertos familiares y la jardinería, no sólo como actividades que suplen una parte de los alimentos que el mercado esconde o encarece, sino porque son muy efectivas como terapia ocupacional y hasta como auto empleo.


La demanda de insumos para huertos, arborización y jardinería se elevó considerablemente, por lo que las ferreterías que además vendían plantas y todo lo relacionado con ellas, literalmente hicieron su agosto, no sólo encareciendo precios sino concentrando personas en pocos lugares y elevando las posibilidades de contagio.



Hoy la nueva normalidad nos dice que los viveros siempre si forman parte del menú de opciones esenciales, bendita industria de la construcción por sus alcances multiplicadores y keynesianos.


Sin embargo, el caso de los viveros nos dice que no son los criterios ambientales y de salud pública –en sentido estricto- los que norman a la hora de las decisiones, sino más bien los de tipo económico.


Los viveros –públicos y privados- deben ser esenciales por sus servicios ambientales, de terapia ocupacional y de salud que pueden llegar a tener, las autoridades sanitarias lo deben tomar en cuenta.


Pero bueno, qué podemos esperar de autoridades sanitarias que permiten camiones del transporte urbano llenos de gente, filas enormes e insalubres para comprar cerveza y la entrega descontrolada de despensas casa por casa, más con fines electorales y clientelares que de otro tipo.

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