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Soluciones locales contra la pandemia


Luis Enrique Ortiz


Bajará la actividad económica, el modelo de producción y consumo que conocemos, podría cambiar para siempre. El dinero, podría incluso, dejar de tener sentido en regiones enteras del mundo.


Deberemos ser más auto suficientes, auto sustentables y menos dependientes de lo que pase en el exterior, en especial en la parte de seguridad alimentaria, salud y abasto en general de granos básicos y fuentes de proteínas.


China se recupera de la pandemia y cualquier caída global de la economía, será pagada con creces en cosa de no más de un año. El problema es, quién puede aguantar un año.


En muchas partes del mundo, los temas como carros de lujo, yates, casinos, gimnasio y probablemente escuela, pasarán a segundo plano para centrarse más en cómo darle continuidad a la especie, a la familia.


Mientras China se recupera y vuelve a tomar su turno como la locomotora del mundo interconectado, Europa y América enteras, están siendo y serán duramente golpeadas, por el contagio de COVID-19.


Eso contraerá sus economías y en algunos casos al borde del colapso, en especial en América Latina, y el impacto en su población dependerá de la pericia de sus líderes y sus niveles de reservas internacionales, al menos mientras el dólar aún comanda el mercado de divisas.


No perdamos de vista, que en la medida que muchas economías locales colapsen el dinero empezará a perder sentido, pues vamos volando hacia sistema de economía de intercambio en especie o trueque, en más de una región del planeta.


Serán necesarias nuevas habilidades individuales, pues el Estado será lento y hasta omiso en la solución de problemas masivos, como puede ser, por ejemplo, escasez de huevo debido a que un día no haya en la bolsa de Chicago granos y otros forrajes que sustentan a la industria avícola. Millones de personas basan casi el 100% de ingesta de proteína en el consumo de huevo de gallina.


Ningún gobierno tiene capacidad para enfrentar una crisis por desabasto de un producto esencial, como huevo, maíz o frijol. Mucho menos en un mercado global que empieza a ceder ante el cierre obligado de decenas de fronteras claves para el intercambio en el mundo.


Ir a Las Vegas o a Disneylandia, dejará de ser atractivo, en especial cuando se contabilicen los recursos que consume el capitalismo para sustentar el “American way of life”. Así como en algunos pueblos se carecerá hasta de agua, muchos pequeños Disneylandia surgirán en las cuencas ricas y privadas que venderán naturaleza en lugar de fantasías y alcohol sin freno.


La naturaleza privatizada por la ley o el vil despojo, no será, sin embargo, accesible para miles de millones de personas que deberán aprender a vivir sin internet, Netflix o X Box y tal vez sin Wal Mart.


Habrá que crear otros modelos de mercados, horizontales, circulares, interconectados regional mente para propiciar intercambios de corto alcance con otras comunidades, sin perder la auto sustentabilidad, sino más bien con fines complementarios, turísticos, culturales o artísticos.


La prestación de muchos servicios, podrían dejar de tener sentido, en especial cuando los cortes al internet y el celular, se hagan más frecuentes. No será de golpe, pero un par de MERS, SARS o cualquier virus nuevo de gripa o influenza, podrían ser más devastadores sobre la economía que el COVID-19.


Los próximos meses


De acuerdo a la Secretaría de Salud del Gobierno de México, la caída en la actividad social y económica del país podría durar al menos tres meses, dependiendo del comportamiento de la pandemia en las próximas dos a tres semanas, no sólo a nivel nacional, sino en el resto del mundo.


En tres meses de cero turismo convencional y mayorista, caerá la producción en toda la cadena de abasto hotelera, por ejemplo. La baja en el consumo de gasolina no solo limpiará el aire, sino que empezará una quiebra lenta y dolorosa de gasolineras, probablemente.


Pero también vendedores ambulantes, taqueros, hotdogueros, prestadores de servicios individuales, gimnasios, bares y escuelas privadas y miles de desempleados, serán parte de la afectación productiva del COVID-19 por parálisis social.


Habrá que aprender a germinar semillas, a cultivar hortalizas y tal vez a criar gallinas de tras patio, tal vez no sea notorio hoy, pero luego de un mes empezaremos a notar desabasto de todo tipo de cosas.


En tres meses, aumentará el número de personas cultivando o produciendo una parte de sus alimentos.


Aún tenemos tiempo.

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