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La tierra no hace daño, nosotros le hacemos daño a la Tierra

Luis Enrique Ortiz

Lo que comemos viene del suelo, un mundo fascinante de hongos y bacterias, tan cabrón, que dice Ramón Morales, que en un solo gramo de ese maravilloso sustrato -que sustenta la vida- existen diez millones de seres produciendo nutrición para las plantas, simplificando sustancias, equilibrado el PH y otras linduras de la naturaleza para que podamos comer sano.

Sin embargo a diario los seres humanos vamos aniquilando ese sustento por varias rutas: erosión por tala inmoderada, uso de agrotóxicos, planchas de asfalto y de concreto, entre cien cosas más.

Las consecuencias ambientales de esa forma de producir, le atribuye al sector agropecuario una huella de al menos el 30% como patrocinador del cambio climático.

En materia de salud y economía, el entorno global controla nuestras vidas, debemos romper la dependencia del exterior, las localidades y regiones, no deben estar condenadas a los vaivenes del tipo de cambio, los petroprecios o las prácticas de especulación y escasez ficticia de alimentos, que encarece y dificulta, su acceso más que a nadie a los más pobres.

Tomate a 50 pesos el kilo y el huevo a 70 pesos, donde hace apenas un mes costaba el primero un tercio y el segundo no pasaba de 50 pesos la cartera. Nosotros podemos doblegar al mercado, pero se ocupa organización y disciplina.

Si la mitad de los hermosillenses produce el tomate que necesita para su alimentación diaria, no nos vuelven a ofrecer la hortaliza a más de diez pesos el kilo, incluyendo la utilidad de una larga cadena de coyotes.

Así, quienes no quieran o de plano no puedan producir cuatro plantas de tomate en su patio al año, tendrán acceso a un precio más o menos justo y más accesible.

De paso, hay una serie de impactos ambientales en materia de consumo de agua, uso de combustibles y agrotóxicos que pueden evitarse, si muchos producimos nuestros tomates. Nomás, tomates.

Desde tu casa puedes bajarle presión a la actividad de los agronegocios sobre la Tierra, cultiva uno o dos de los productos que más consumes al año, para lo cual puedes fabricar tu propio suelo, con las sobras de tu cocina composteada con lombriz.

Tendrás un sustrato rico en nutrientes y ácidos húmicos, para cultivar tomates al menos 8 meses al año, si le inviertes tiempo y corazón. No tendrás que comprar más que un costal de perlita de 200 pesos, para garantizar por más tiempo humedad en tu sustrato.

Si tus ingresos te lo permiten compra también vermiculita o "peat moss", este último es genial para retener humedad, permitir aireación y tiene muy buen drenaje, mismo que puede mejorarse si se mezcla a medias con perlita.

Compostea, mezcla, siembra, experimenta, rompe la cadena del consumo en al menos un producto.

Produce tu propio suelo, si tienes genes de biólogo, te vas a alucinar con lo que ahí sucede.

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