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  • El breve espacio

La pandemia nos hace un poco más iguales

Luis Enrique Ortiz

Una de las nuevas crueldades de la pandemia, es que ha desnudado a la educación privada como cara, además de innecesaria como mecanismo de movilidad social.


Los costos de operación de una escuela privada más que de la venta de contenidos educativos, dependen de otros servicios que vende como comodidad, lujo y estatus, es decir lujo.

Cierto, suele haber más contenidos artísticos, deportivos y ambientalistas con ustedes los ricos que con nosotros los pobres, pero eso ya es irrelevante, pues todos vamos a las clases en línea. Y es que la verdad, no hay de otra, ni de loco mando a mis hijos a la escuela a que traigan el covid-19 a la casa, en especial porque la mitad de la población no cree en la pandemia y/o no toma medidas como uso de cubrebocas, higiene adecuada o sana distancia.

Ahora que las clases serán en línea, miles de padres están migrando a la educación pública, lo que además de saturar el sistema educativo de la nación, será un duro golpe para el negocio creciente de la educación privada, que no sólo significa lujo sino desigualdad que crece directamente proporcional al tamaño de la privatización de marras.

Los padres y madres migran a sus hijos a escuelas federales y estatales, debido a que los costos de las empresas educativas han caído en más de la mitad, pero eso no se ve reflejado en una baja de colegiaturas. Además, finalmente, salvo sus variantes ideológicas, les enseñan lo mismo. ¿O caso les siguen diciendo a los clientes que la Tierra no es redonda?

Pero no se queda ahí, el efecto de las clases en línea nos da un respiro a los simples mortales que mandamos a los plebes a las escuelas a donde va la raza, pues ya no habrá que pagar: cientos de pesos en útiles y miles si se incluye mochila; 90 pesos para la señora que lava el baño; 360 pesos para el MDA, porque es obligatorio pero no lo da el gobierno; 75 pesos para las copias; 100 pesos para la maestra de inglés; la cuota del día del Niño, día de las madres, la posada, dia de reyes, jalogüin y la verdolaga de primavera.

Además, tienes que llevar para dejar en la escuela, ya que el gobierno -dice la directora- les da el plantel pero no con qué limpiarlo: pinol, cloro, papel de baño, jabón en polvo y en algunos planteles, no en la Enrique García Sánchez, escoba y trapeador.

Un garrafón para el agua, una lana para el agua del garrafón y una lana para pagarle al señor que cada año pinta el salón, le cambia cortinas o arregla los aires acondicionados comprados en la última rifa organizada por la sociedad de padres de familia, por lo general ligadas al PRI o a Nueva Alianza.

Hay que dar otra lana para pagarle al árbitro de futbol del equipo de su hijo, que es amigo del profe de educación física. Muchos padres temblamos al ir a las juntas porque siempre es para pedir dinero para algo, nunca ha sido diferente.

Eso nos hará iguales por varios meses, tal vez años, a los que sacarán a sus hijos del Alerce, Colegio Muñoz, la Prevo y similares.

Ojalá, en el inter, las autoridades educativas estén dedicadas a construir un sistema seguro de clases presenciales, con alta intervención tecnológica con acceso universal garantizado, con una escuela pública de alta calidad, laica y obligatoria de prescolar a licenciatura.


Una escuela pública que brinde las mismas oportunidades que a los hijos de los ricos.

Feliz fin de semana.

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