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Desconfinamiento fatal

¿Es hora de parar de nuevo minería, construcción e industria automotriz?

El breve espacio



Luis Enrique Ortiz

Hermosillo, Sonora a 13 de julio de 2020.- El desconfinamiento que inició el 1 de junio en Sonora sucedió desordenado y fatal, de tal tamaño fue el rebrote que los primeros 30 días de la nueva normalidad, costó 701 muertes por Covid-19, siendo que en los tres meses previos no sumaron siquiera 200 decesos por causa de la pandemia.


Mientras en el caso de sus cuatro vecinos nacionales: Baja California, Baja California Sur, Sinaloa y Chihuahua, la tendencia de casos activos y acumulados va a la baja, en el territorio sonorense es exactamente al revés. Se acumulan casos, sujetos activos y defunciones por cientos en pocas semanas y aún no hemos llegado al tope de la pandemia, al punto donde la derivada se hace cero y comience la curva descendente.


Es lo que pasa cuando de la noche a la mañana, reincorporas a 116 mil empleos de los sectores minero, automotriz y de la construcción, sin cuidado, precaución y preparación adecuadas. Tan sólo por la prisa de mover la economía, casi siempre dependiente de Estados Unidos, donde el regreso a varias actividades económicas provocó rebrotes fatales, por cierto.


Movilizar 116 mil familias de manera abrupta, sin un sistema de salud sano, sin suficiente educación epidemiológica, con insumos, mascarillas, sanitizantes caros y medicamentos y preventivos escasos para la mayoría de la población, multiplicó la epidemia, si alguien tenía dudas, ya puede anotar el dato: Mayor movilidad, mayor posibilidad de contagio y ahora sí, a saturar el endeble, limitado y enfermo sistema de salud pública.


Hace casi dos semanas, antes de declararse contagiado, el secretario de Salud, Enrique Clausen, admitió que ya no había camas y pocos días después, ya con el virus en su organismo de manera oficial, Clausen Iberri, admitió que la plantilla de persona médico y hospitalario está por colapsar, presa de infecciones virales, incapacidad por riesgo de trabajo, cansancio y miedo. Al menos 3 mil trabajadores de la Salud, han tenido o tienen covid-19.


De un día a otro la movilidad de la gente fue equivalente a la sexta parte de la población sonorense, no se pierda eso de vista, en el contexto de servicio de trasporte público insalubre, filas enormes para venta de cerveza sin sanción al vendedor por parte de la autoridad sanitaria y mucha irresponsabilidad de una buena parte incrédula de la sociedad. Finalmente son las actividades económicas mal llevadas las que propagan la pandemia.


La cosa es que lo peor está por venir, pues mientras del 1 al 30 de junio el promedio de fallecimientos diarios fue de 23.3, en lo que va de julio hasta ayer, dicho promedio es de 31, por lo que el séptimo mes del año podría cerrar en más de 900 muertes por covid-19, de mantenerse la tendencia, es decir, más que la suma de las primeras 16 semanas de la emergencia sanitaria. Julio con más muertes que junio, mayo, abril y marzo juntos.

El resto de la gente se quedó en casa, pero el SARS Cov-2, iba y venia al hogar en camiones urbanos retacados de personas sin sana distancia, mascarillas o sanitización adecuada. Nunca, ni siquiera de manera aleatoria, se realizaron pruebas de temperatura o monitoreo de síntomas, para detectar personas presuntas covid-19 y aislarlas de inmediato, con toda la atención necesaria.


El transporte público estatal es una enorme caja chica que funciona mejor entre más personas movilice.


Previo a la nueva normalidad, se dejó circular al transporte público federal de pasajeros, el virus circulaba libremente por la entidad en Tufesa, Albatros o Mayitos, aún con el antecedente del primer caso que ingresó precisamente de Estados Unidos, por vía terrestre, por allá el 16 de marzo.

El resumen es que está pasando lo que más se teme en estos casos: un proceso que no ha llegado a su máximo de casos, con hospitales saturados, plantilla diezmada por la pandemia y una cada vez más baja capacidad de respuesta de la Secretaría de Salud. Institución tal vez de las que no informan a tiempo, pues no hace mucho, cuando López Gatell informaba una disponibilidad de camas en al menos 40%, el mismo día Clausen Iberri lo desmentía, afirmando una alarmante saturación.

Cuatro meses después. Muchas cosas se han hecho cuatro meses después, luego hablaremos de eso.

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