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Camaroneros, de Luis Núñez Noriega


Luis Enrique Ortiz


Camaroneros es una forma de venir a contarle a las regiones Centro y Norte de Sonora, que, en octubre de 1976, de Guaymas hacia el Sur, a todos nos marcó tan sólo escuchar el nombre del ciclón Liza.

Dr Luis Núñez Noriega

Es una valiosa aportación al contexto de cambios estructurales que a nivel global se gestaron a fines de los años 70, porque sucedió en Empalme y para el mundo, de la época en que la actividad ferrocarrilera sostenía una gran comunidad con un alto nivel de vida, sazonada por la inconmensurable riqueza de la pesca, en especial la del camarón.


Quienes en ese entonces rondábamos los 8 o 10 años de edad, pudimos conocer la pesadilla que nos recetó la Pachamama desde La Paz hasta muy adentro del mar de Cortés, pasando por Los Mochis, Etchojoa, Huatabampo, Cajeme y tantos lugares donde el viento arrancó los árboles, a los que la gente ataba los techos de la casa.


Inundaciones, vientos, devastación y una noche interminable, significó Liza para la mitad de los sonorenses de entonces.


Liza se llevó árbol, techo y casa, miles de vidas, costosas obras de infraestructura, sí. Pero también se llevó a pique un barco camaronero llamado Doroteo Arango, cuyo capitán, era el padre de Margarita, compañera de escuela del autor de Camaroneros, la opera prima de Luis Núñez Noriega, en su nueva faceta como novelista.


A casi 44 años de los inspiradores hechos, dolorosos, Luis Núñez Noriega, nos habla también en su historia novelada, de un sobreviviente de la tragedia, El Guaymitas, quien regresó a tierra tres días después del naufragio, gracias a que se aferró a un cilindro de gas.


Núñez Noriega le exprime inspiración a la razón y a los recuerdos, para plasmar en su obra no sólo, escenas de vivencias propios o transmitidas oralmente por su propio padre, sino de un sinfín de literatura clásica en la que el mar es un protagonista, como la Odisea, donde Eolo, nieto de Poseidón, muestra su fuerza desde una isla flotante.

Vidal Salazar, Luis Núñez, Mario Welfo y Carlos Sánchez

El pasado martes 3 de marzo, el economista Luis Núñez Noriega presentó su primera novela: Camaroneros, en el auditorio del Musas en Hermosillo, luego de hacerlo hecho con gran éxito en Etcohojoa y Guaymas. Comentaristas de lujo lo flanquean.

Luis Núñez, amenaza con publicar ya pronto una segunda novela, pero mientras eso sucede es pertinente seguir hablando de Camaroneros, porque no sólo contiene el acicate que puso a escribir al autor sobre un hecho relevante relacionado con el huracán Liza, que marcó a una generación, sino porque nos hace inevitable ver como el año del parteaguas intelectual de un niño de diez años, coincide con la del principio del fin de Estado de Bienestar que empezó a ser desmantelado con cambios estructurales, seis años después.


Seis años de profunda corrupción y derroche de los recursos del petróleo, nos llevaron al inicio del neoliberalismo en México. Es imposible, en especial para un economista, ver escrito el año de 1976 y no asociarlo al año en que, por primera vez en la historia, nos preparábamos para administrar la abundancia.


El comentario es pertinente porque el entorno social conocido por el autor, productor en gran parte de esta novela, es totalmente distinto al de hoy.


Casi cuarenta y cuatro años después Empalme es otro: sin riqueza ferrocarrilera desde que FFCC Nacionales fueron privatizados; conectado a la lógica del capital global, por su participación como maquilador de tecnología aéreo espacial y sin camaroneros, desde que a principios de los años 90 les fue eliminada a las cooperativas, la exclusividad de la captura del crustáceo.


Hoy en pangas, igual pueden pescar, pero sólo pocos días antes de que las redes de arrastre del capital privado entren en acción y literalmente arrasen con todo. A los camaroneros de entonces novelas como la de Luis Núñez les rinde tributo, a los de hoy la Ley los llama pescadores ribereños.


Camaroneros es el triunfo de la memoria de un niño que vivió en su imaginación la tragedia y su contexto antes de ser compartido con todos, ese niño es el que escribe, no el autor de más de 50 años de edad. Eso es lo más chingón de la novela Camaroneros.


Enhorabuena.

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